AEPE

LA ANSIEDAD POR SEPARACIÓN EN ADIESTRAMIENTO


Jesús Guzmán Ortega

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El adiestrador, mi perro y yo nos encontramos en el paso de mando y la adaptación dueño-perro va concluyendo satisfactoriamente.

El perro no tira de la correa cuando paseamos; acude a la llamada "casi siempre"; ha dejado de insultarme cuando lo dejo en el balcón; se espera en la puerta de la frutería y sube en el ascensor con el orden debido.

Pero hay un problema que no se termina de resolver y que constituye, en el fondo, uno de los motivos principales por el que decidimos acudir al profesional.

Cada vez que la familia sale de casa, mi perro comienza su fiesta particular cargada de ladridos, destrozos y evacuaciones en los sitios más inesperados.

Es cierto que con el adiestramiento, indirectamente, ha mejorado algo el panorama. Pero mientras persista alguno de los problemas referidos, el título de perro educado queda algo lejos.

En un libro de la editorial de Vetty, titulado "El adiestramiento canino" recomiendan en estos casos que se acaricie al perro antes de salir de casa, relajándolo. La relajación no funcionó. Parece que empeoró.

En otro libro de la misma editorial, titulado "El súperlibro del superperro de la raza que tú quieras", justamente la maravillosa raza del perro que tengo (mi perro debe ser uno de esos ejemplares rarísimos que no se adaptan a su raza), dice que la solución a este problema, en el extrañísimo caso de que se presentara y a título informativo por si alguien pregunta, consiste en dejarle juguetitos para que no se aburra. ¿Juguetitos? ¿Más juguetitos?.

Claro que como no me daban la solución, cambié de editorial y compré un libro de un famosísimo psicólogo inglés, Dr. Rogelio Munfroid, que recomendaba algo mucho más lógico. Si la relajación y los juguetitos no funcionan, se le puede reprender ligeramente al llegar a casa.

Imaginé que esto sería el remedio (cosa lógica por la actitud de culpabilidad que adopta mi perro cuando llegamos a casa de vuelta). Pues nada, ni por esas.

Pero este mismo psicólogo se guardaba un as en la manga, la panacea de todos los problemas. Si aún así persisten los conflictos, la castración es la solución.

Hoy por hoy mi perro no puede dejar a ninguna perra preñada. Pero parece que esto lo cabreó más.

Por último, el veterinario nos recomendó la administración de unos medicamentos que causaron buen efecto. Claro que el animalito se pasaba el día durmiendo.

Cuando conté esto al adiestrador, guardó silencio, me invitó a subir al coche y me llevó a su casa. Al llegar pude disfrutar con varios cachorros de unas siete semanas que había tenido su perra.

Cuando pasó un buen rato, el adiestrador soltó a la perra y emprendimos un paseo a la playa cercana. Justo al salir de casa la perra nos siguió y cuando los cachorros se disponían a seguir a su madre, esta se revolvió castigando duramente a los mismos, que entre gemidos se escondieron al fondo del jardín.

A la vuelta, desde la valla, se veía a los cachorros atentos a lo que sucedía a su alrededor pero manteniendo la protección que les brindaba la zona de la paridera. Al entrar, la perra saludó con lametones y fiestas a la camada que correspondió generosamente.

El adiestrador me explicó que si la perra quisiera que le siguieran los cachorros, los prodigaría de caricias.

Como seguía sin saber por donde iban los tiros, de vuelta a mi casa me pidió que le invitara a un café, que luego fueron dos y con tostadas, explicándome generosamente cómo debía comportarme con mi perro.

De todo lo que me explicó he sacado las siguientes conclusiones.

  1. El perro alfa o la madre a los cachorros, comunican a sus inferiores el deseo de que le sigan con caricias. Si desean que estos permanezcan en el territorio, le inflingen algún castigo. Por tanto, si me voy a la calle y acaricio a mi perro le estoy diciendo "sígueme". Como le pides que te siga y la puerta se cierra en sus narices, se produce una frustración. Toda frustración produce agresividad y depresión, con lo cual es lógico que el animal emprenda conductas de ladrido, destrozos, $etc. Parece que lo idóneo es que al marchar le regañemos hasta que se vaya a su camastro. Las caricias corresponden a la vuelta. Si el perro parece sentirse culpable cuando llegamos, puede ser porque casi siempre hay conflicto en la llegada o por una simple asociación de, olor a heces u orines y dueño recién llegado, problemas.
  2. Si mi perro no se considera un inferior, es decir, el alfa es él, entonces la manifestación de esos síntomas será más acusada. De ahí que tras el periodo de educación mi perro, haya mejorado algo. He tenido que aprender a comportarme como líder.
  3. Adiestrar un perro es algo más complejo de lo que dicen algunos libros.
  4. Es imposible que todas las razas sean tan estupendas y maravillosas para todo tipo de utilidades, o el factor raza es demasiado inconsistente.
  5. Si a mí me hubieran castrado, también estaría cabreado.