ETOLOGÍA. CRIANDO A MI PERRO
Antonio Pozuelos Jiménez de Cisneros

Aún cuando en este artículo solo toque las primeras etapas
vitales de nuestro perro, pienso que será el más complejo en su exposición ya
que, los cuatro principales meses, en la vida del animal, son estos primeros que
pasará con usted.
Debemos tener en cuenta que cada perro tiene un papel a
desarrollar en la convivencia con su dueño. Así, el que va a ser utilizado como
guarda personal, defensa o trabajo deportivo debe ser "modelado" con otros
parámetros que los del animal de compañía pero, dado que la mayoría de estos
simpáticos cachorros van a caer en manos de familias normales sin excesivas
pretensiones de especialización, detallaré el método más lógico- científico en
la cría de nuestro amigo y que no se oponga en absoluto, al destino que, en su
día, queramos darle. Quiero decir que, esta crianza, es la deseada como base
para cualquier especialización futura.
El primer y principal trabajo consiste en enseñarle a nuestro
cachorrito cual es su territorio y su puesto en el escalafón familiar. Él
necesita, como nosotros, un rinconcito de privacidad propio dentro de todo el
territorio de la "manada". Cuando entre en casa, enséñele cual es el sitio donde
debe dormir, comer y ponerse a salvo de los niños propios y ajenos, esconderse
de las visitas y eliminar el estrés que, cualquier perro-bebé, necesita con
elevada frecuencia. Tenga en cuenta asimismo, que ese será su sitio hasta que
cambiemos de casa y no trate, por falta de planificación, de cambiárselo
caprichosamente.
Su puesto en la jerarquía familiar tratarán de enseñárselo los
humanos más pequeños sin que usted deba impedírselo. Quizás la única precaución
que deba tomar es prevenir que los "profesores" atenten contra la integridad
física del perrito, dejándolo lisiado, en el propio afán de su magisterio. No
solo es aceptable que los niños jueguen con el cachorro, hasta cansarlo, sino
que lo preconizo. La evidencia clínica enunciada por el etólogo español Xavier
Manteca, muestra que, perros que no han tenido contacto con niños en los
primeros meses de vida, son responsables en el futuro de conductas agresivas
hacia ellos. Piense el lector que un niño es un cachorro humano y, por más
que nos declaremos amantes del perro, su integridad es objetivo fundamental en
el otorgamiento de nuestros cuidados parentales y que, cualquier atisbo de
agresividad del cachorro hacia un menor, debe ser erradicado con
contundencia.
En la vida del perro distinguimos varios periodos o etapas
vitales:
- Periodo neonatal.
- Periodo de transición.
- Periodo de socialización o crítico.
- Etapa juvenil.
- Periodo de madurez.
Si el perrito nos ha sido vendido por un buen criador estará en
el de transición o en el de socialización y, su carácter habrá sido modelado por
él y por la perra. En este tiempo no debemos tratar de adiestrarlo ni enseñarle
nada que requiera esfuerzo ya que es como un bebé al que no se le puede exigir
que resuelva ecuaciones. Insisto en que solo debemos educarlo en la jerarquía y
el territorio. Si el perro crece, sin tener claros estos conceptos, será un
animal inestable y potencialmente peligroso.
Aparte de la inestimable colaboración de los infantiles
profesores aficionados nosotros, sus dueños adultos, trataremos de estimular su
gregarismo y enseñarle su sitio y forma de actuación en nuestra familia.
A la hora de comer.
El perro siempre debe comer en el mismo sitio y a la misma hora
mientras dura su crianza. Jamás se le debe dar ningún alimento fuera de su
escudilla o mientras comemos nosotros ya que esta sería la mejor forma de
hacerlo un maleducado pedigüeño. La regularidad en la hora viene impuesta por su
respuesta fisiológica. El perrito tiende a defecar pasados diez o veinte minutos
de su comida. Sabiendo esto, no tenemos más que llevarlo, a esa hora, al sitio
donde queremos que defeque de ahora en adelante. Cuando lo haga, alábelo siempre
con las mismas palabras y en el mismo tono. ¡Muy bien! o ¡Bravo!.
Mientras se le suministra el alimento, los miembros de la
familia y concretamente los niños, deben acariciarlo y jugar a quitarle la
comida para posteriormente, devolvérsela. Con esto conseguiremos dos objetivos.
El primero es aumentar la voracidad del animal incidiendo en su capacidad de
alimentación per se (1) evitando uno de los problemas molestos para el dueño
que ve inapetente a su perro adulto. El segundo es demostrar al cachorro que él
se alimentará cuando nosotros queramos y no cuando le apetezca. Esta práctica de
otorgamiento de recurso es una de las bases de la jerarquización temprana al
igual que el suministro controlado del agua.
Algunos cachorros de tres o cuatro meses y de carácter
excesivamente dominante, tienden a gruñir cuando tratamos de retirarle la
comida. En ese caso, se le retira con más brusquedad a la vez que le golpeamos
ligeramente en el hocico. Solo se le dejará comer cuando acepte este juego,
incluso con los niños. Tenga en cuenta que, a esta edad el cachorro tiene muy
poca capacidad de agresión y casi ninguna de provocar una lesión.
Cuando acepte de buen grado esta jerarquización, lo dejaremos
comer a la vez que lo acariciamos y lo premiamos con la voz. Los niños, si
los hay, deben estar siempre presentes en estas manipulaciones e intervenir como
actores principales de la comedia.
Enseñándole la negación.
El cachorrito aprende con facilidad a detectar el estado
anímico de su dueño pero es necesario, enseñarle una palabra que él asocie a
nuestro descontento. Esa palabra es. ¡NO!. Hay que dársela en un tono mas
elevado que la de ¡Muy bien! y si pensamos que no la asocia con rapidez, la
acompañaremos de un ligero golpe en el hocico (siempre con la mano).
Cuando crezca y, si le regañamos siempre por las mismas cosas y
castigamos por los mismos desastres, conseguiremos que el perro entienda el bien
y el mal sin tenérselo que explicar todos los días y de forma más
contundente.
¿No puedo adiestrarlo en ninguna orden?
Bajo ningún concepto debemos enseñarle habilidad alguna
hasta que haya completado su madurez psicofísica. Eso no quiere decir que no
lo estemos educando constantemente en sus órdenes básicas como son el
conocimiento de su nombre, la llamada y la sugerencia de que se retire a su
sitio y no moleste.
Enseñándole su nombre.
Debemos nombrar a nuestro perro con una palabra seca,
sonora, corta y en las que aparezcan, a ser posible, las consonantes K, R, T y
las vocales A , O. Diversos experimentos demuestran que una palabra
onomatopéyicamente correcta, facilita enormemente la capacidad de comprensión y
adaptación al lenguaje humano del perro. Uno de mis perros, Roco, ha llegado a
entender cerca de cien vocablos (en diez años) pero he tenido que enseñarle, por
ejemplo, que los pájaros de mi aviario se llaman KIKOS y la leña que él debe
aportar a la chimenea son TRONCOS. Si le digo "Troncos a los kikos" comenzará a
llevar leña al aviario hasta que lo felicite y libere de la orden. Esto parece
cosa de brujas pero, realmente, es un condicionamiento básico aunque mantenido
durante diez años.
Supongamos que hemos decidido que nuestro protagonista se
llame, de ahora en adelante, TRUCO. Vamos a enseñarle a que venga y contacte con
nosotros cada vez que emitamos ese sonido.
Llamando a Truco.
Para enseñar a nuestro cachorro a que venga cuando
nosotros que ramos, debemos utilizar el Condicionamiento Operante, es decir,
vamos a hacer una adquisición de hábito basada un poco en la paciencia y un
mucho en la Ciencia. Llamaremos al perro con voz suave y jovial (nunca lo llame
para castigarlo), acompañaremos la voz de ¡Truco! con unas palmadas mientras nos
inclinamos hacia él y esperaremos a que "se le ocurra" venir.
Cuando esté a nuestro lado lo acariciaremos efusivamente e
incluso, le daremos una pequeña porción de golosina. Para este trabajo
necesitamos que el animal tenga hambre y que la golosina sea lo suficientemente
pequeña para que no se sature su instinto de alimentación. Se sorprenderá de lo
rápido que aprende a venir y de lo "listo" que es el alumno.
Supongamos que ya viene cada vez que lo llama pero que no toma
contacto con usted, es decir, no llega a tocarlo sino que se mantiene medio
metro alejado de su pantalón. Dejaremos de acariciar y acercaremos la golosina a
nuestra ropa hasta que el hambre y la necesidad de caricias lo venzan y toque
nuestra pierna. Inmediatamente le suministraremos su premio y le diremos:
¡Truco, muy bien!. Pocas repeticiones bastan para que lo entienda.
Insisto en que nunca llame al perro para castigarlo porque
destrozaríamos, para siempre, el trabajo. Si hace una faena y, al llamarlo
viene, debemos premiar su acción y olvidar la fechoría. Por otra parte, si
decide castigarlo, no lo llame, vaya hacia donde está él y regáñelo con el
¡NO!.
¡No molestes, vete a tu sitio!.
Si desde que llegó a casa él tiene una manta,
transportín, rincón o cualquier "pequeño territorio" donde se sienta a cobijo de
calamidades, coma, duerma y se tranquilice, observará que la conducta de
"retirarse" la ejecuta con espontaneidad. Solo tiene que inventar una palabra
como ¡SITIO! y hacérsela llegar mientras él se retira. Cuándo se eche en su
rincón, alábelo con ¡Muy bien, SITIO!. No se preocupe del tiempo que tarde en
aprenderlo ya que usted está grabando en su "disco duro" palabras imborrables a
lo largo de su vida.
En el siguiente artículo veremos la segunda fase de la
educación de su cachorrito cuando este se acerca a su adolescencia. Mientras
tanto no se canse de jugar con él y sobre todo, no impida que cualquier niño se
le acerque e incluso lo toque y juegue aunque no sea de su familia.
(1) Los perros, como todos los animales gregarios, se alimentan
per se y por actividad de alimentación.
La primera forma implica hambre y necesidad de recurso. La
practica el animal que tiene una necesidad imperiosa de consumir alimento para
cubrir sus necesidades biológicas.
La actividad de alimentación consiste en alimentarse porque ve
hacerlo a los demás miembros del grupo aunque su necesidad de alimentación no
sea perentoria. Suele ser una terapia adecuada el hacer
comer a un perro inapetente junto a varios compañeros hambrientos de tal forma
que, estos estimulen a comer al primero, con su amenaza de consumir su ración al
acabar la suya.
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