ADIESTRAMIENTO. EL PERRO Y SU DUEÑO


Jesús Guzmán Ortega

El trabajo que se presenta con más frecuencia al adiestrador profesional, consiste en la adaptación de la conducta mas o menos impulsiva y desordenada del perro, al entorno social en el que se pretende su integración.

Cuando el adiestrador toma contacto con el perro tiene que descifrar algunos interrogantes rutinarios, tales como nivel de impulsividad instintiva y estímulos desencadenantes, aversiones, dureza física, gregariedad, capacidad de concentración, resistencia al estrés, entre otras.

Como en este tipo de trabajo solo es necesario que el perro desarrolle algunas habilidades básicas, centramos la mayor parte del esfuerzo en el control de impulsos que constituye el principal escollo en la correcta convivencia entre el perro y el ambiente en el que vive.

Para clarificar el tema, empezaremos por definir los ejercicios mas frecuentes que hacemos aprender al perro de un cliente que "sufre"la tenencia de su perro en el entorno familiar.

A saber, que camine sin tirar de la correa, sentarse cuando el guía se detenga, quedarse echado a la orden e inmovilizado incluso sin la presencia del guía, acudir cuando sea llamado y algunas otras actividades mas o menos simples adaptadas a las necesidades del cliente.

Pero es importante observar que todas ellas implican una gran dosis de control. Es decir, no basta que el perro sepa lo que tiene que hacer sino que tiene que hacerlo cuando entran en juego impulsos instintivos de intensidad importante.

No tirar de la correa cuando ha visto al perro que le busca bronca todos los días.

Sentarse, cuando su dueño se encuentra por la calle con ese amigo que le proporciona caricias.

Quedarse echado cuando el dueño entra al supermercado y por "sus narices" pasa una perra en celo.

Acudir a la llamada en el momento que mejor se lo pasa con otros colegas en el parque.

Dejar de comer algo que cogió del suelo.

No orinarse en la rueda del coche del vecino.

No ladrar cuando el ascensor se detiene en la planta.

En definitiva, ejemplos del sinfín de acciones o de interrupción de las mismas que tienen como punto en común la inhibición creada por el adiestrador y mantenidas por el dueño o guía.

Se puede deducir que en el breve periodo de adiestramiento, aproximadamente una treintena de clases, el perro puede aprender las normas básicas de conducta y la inhibición de los impulsos que le llevan al desorden respecto a lo establecido por su dueño.

Pero en lo referente a la transformación de la conducta aprendida como encadenamiento de actos reflejos o alimentada por el subconsciente, es necesario un periodo variable de adaptación.

Este periodo final queda en manos del dueño del perro y culmina necesariamente el proceso de adiestramiento, de ahí la importancia de la adecuada formación del guía antes de dar por finalizada la intervención del adiestrador.

Podemos comparar este proceso con el desarrollado en los humanos cuando aprendemos a conducir.

No solo aprendemos habilidades y adaptamos nuestro organismo a la nueva situación, sino que desarrollamos ciertas inhibiciones para adaptarnos a las normas viales.

Todo esto, al principio, requiere un gran esfuerzo de concentración en el conductor, que poco a poco se verá facilitado por la habituación y la implantación de conductas dirigidas por el subconsciente.

En función de lo expuesto, esquematizaremos el proceso de adiestramiento para la educación del perro, en los puntos siguientes:

Siempre quedará supeditado el éxito del proceso por la capacidad del guía para imponer su autoridad al perro en el momento de administrar algunos de los estímulos aversivos inhibidores de los impulsos instintivos.