¡¡¡Ya no piden mientras comemos!!!
Jessica Marín Benet
Qué bonita suena esta frase, ¿verdad?
Todo apunta a un marco idílico en el que uno se puede sentar a la mesa y comer tranquilamente rodeado por sus cuatro perros tumbados, sin que hagan el menor atisbo de mendigar tu plato.
Debo decir, que lo he conseguido. No ha sido difícil, sólo me ha bastado el dar un premio a aquél, que por casualidad o harto de esperar, se tumbó un buen día y recibió un suculento bocado a cambio. Los demás, aprendieron observando al más listo.
Premiar las buenas conductas…… ¡¡FUNCIONA!!
Pero... ¡Ah sí! ¡Hay un pero!
Ese perro listo, convirtió el hecho de estar tumbado en una obligación para sus congéneres, y, todo aquél que no esté en la postura que marcan las estrictas normas de protocolo, recibirá un ataque en toda regla.
Ahora, es cuando pasamos de disfrutar de una comida relajante y placentera en un chiringuito de playa a una batalla campal en la que vuelan mesas y sillas por doquier.
Como manda lo políticamente correcto en esa bochornosa situación, procedo rápido y me meto por medio con el fin de mitigar tan dura discusión, recibiendo un mordisco que toca hueso. Sangre, gritos, y ensaladilla a modo de estucado por todas partes.
No piden comida, NO, pero en estos momentos, creo que habría sido mejor que la pidieran!!
Ahora lo que toca es hacer las cosas bien de una vez. Su comida en su plato, a su hora y punto.